Aquella tarde, mientras paseábamos por el bosque, de repente… de repente sentí que la naturaleza me hablaba. ¡Sí, me habló la naturaleza! ¡Pude escucharla! ¡Me habló la naturaleza! Y he de confesar que fueron aterradoras sus palabras. Lo que me dijo parecía un grito de auxilio:

”¿Qué estáis haciendo conmigo?”

 

 

 

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