Y pasó el día…, regresando a casa, a mi “epicentro”, después de algunos días perdido en La Matrix (la gran ciudad). Con las manos doloridas después de golpear la piel del tambor y el Hang Drum. Agradeciendo, siempre agradeciendo por este día de relax y recogimiento. Agradeciendo las enseñanzas del día de hoy y los comentarios que aporta el silencio. Agradeciendo a la kokamama, que cada día me regala más conocimiento. Salgo a la terraza, y en el frío nocturno contemplo la visión que ofrece mama Killa: las estrellas…, y recuerdo la frase que me dijo hace poco alguien a quien quiero mucho: “las estrellas bajan a la tierra a comer chocolate.”Imagen

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